En cuanto doctrina diferenciada y dotada de un método, el sufismo no aparece mencionado durante el primer y parte del segundo siglo de la historia islámica. No obstante los sufíes posteriores reivindican como parte de su grupo, por un lado a los grandes compañeros/discípulos del Profeta (Abû Bakr, ‘Umar ibn Al-Jattâb, Uzmân ibn ‘Affân, ‘Alí ibn Abî Tâlib, Abû Dharr, Salmân Al-Farsi, ‘Ammâr ibn Yâsir, etc.), y por otro a algunos hombres y mujeres de los primeros siglos que se destacaron por su piedad, caso de Hasan Al-Basri (m. 109 H/643-728), o Rabî‘ah Al-‘Adawiyah (m. 801), y desde luego a los Imames de la descendencia del Profeta, como Al-Hasan y Al-Husayn, sus nietos, pero sobre todo, ‘Alí Zayn Al-‘Abidín y Ya‘far Al-Sadiq (m. 148H/765). Este último está en la silsilah (cadena de maestros) de numerosas cofradías, incluida la Naqshbandiyyah.
Si hemos de creer a los tratadistas musulmanes, hombres del sufismo, éste existió siempre en la forma de piedad y sabiduría que no necesitaba de tratados o explicaciones eruditas. Cuando la piedad y la fe predominan, los hombres santos no sobresalen, pero cuando comienza a difundirse la corrupción y el desvío dentro del Islam, entonces los “Amigos de Dios” se destacan del resto, como las luminarias en el cielo, o las estrellas en la noche. Se ha querido así explicar la aparición del sufismo (sobre todo en sus formas ascéticas, de sencillez y desprendimiento que caracterizaron a algunas figuras del inicio) como una suerte de “reacción” contra el apartamiento del mensaje original del Islam, una reivindicación de la piedad y la sinceridad frente a la creciente corrupción que se extendía entre las clases dirigentes y el poder político. Los primeros sufíes habrían surgido según esta idea para tratar con el ejemplo de revertir la decadencia de la fe.
Hacia fines del siglo II de la Hégira y durante todo el siglo III (722-922) aparecieron las primeras figuras antecesoras del sufismo, algunas de las cuales son referentes o cabezas del linaje espiritual de diversas cofradías actuales.
Ya hemos mencionado a Hasan Al-Basrî (m. 109/728), considerado el primer sufí por algunos historiadores, y conocido también por su papel en el desarrollo del kalâm o filosofía religiosa. En las hagiografías posteriores se mencionan entre los primeros sufíes a Malik ibn Dinâr (discípulo de Hasan Al-Basri), Abû Hanîfah (fundador de la escuela de jurisprudencia que lleva su nombre); Râbi‘ah Al-‘Adawiyah (m. 801, prototipo de la mujer sufi, cantora del amor divino sin concesiones ni limitaciones y de la cual se conservan sólo algunos de sus versos); Dhûn Nûn Al-Misri (m. 245/859) (el primer sufí “típico”, conocimiento de las ciencias ocultas, alquimia, etc., y perseguido por sus ideas atrevidas); Abû Yazîd Al-Bastâmi (o Al-Bistâmi) (m. 261/874) (al cual se atribuyen muchas obras que no se conservan, y en el cual se manifiesta por primera vez el método de enseñanza a través de relatos, historias y dichos paradójicos); Al-Ÿunayd (más conocido como Imâm Al-Ÿunayd, pues fue el primer gran sistematizador del tasawwuf, discípulo de un discípulo de Al-Bastâmi, y del cual se conservan más de una docena de obras, de influencia considerable en el sufismo oriental y occidental; definió por primera vez la terminología propia del sufismo); Al-Hallaÿ (m. 309/922; recordado por ser el primer mártir importante del sufismo, condenado por sus ideas religiosas que reivindicaban el amor místico y la unión con Dios como la suprema meta de todo hombre; para él el amor divino anida en el corazón de todo hombre, sin distinción). Estos son algunos de los más importantes de los primeros años; luego durante los siglos IV y V el número de grandes sufíes y de obras sobre el tema crece exponencialmente en todo el mundo islámico. Aparecen las primeras obras sistemáticas sobre el sufismo, verdaderos “manuales” que incluyen por igual enseñanza mística, vida de los santos de los primeros tiempos, descripción de las moradas y estados espirituales, justificación doctrinaria del sufismo recurriendo al Corán y la Tradición, etc. En estos manuales y hagiografías se incluyen entre los sufíes por igual a los primeros califas, a los grandes compañeros, a los Imames shiíes e incluso a los fundadores de las cuatro escuelas tradicionales de jurisprudencia ([9][9]).
Del siglo IV y principios del V pueden mencionarse dos obras muy difundidas: la Risâlah Al-Qushayriyyah (“Tratado” de Al-Qushayri, m. 1072), que es un tratado sobre las virtudes y moradas espirituales, y el Kash Al-Mahÿûb (El desvelamiento de lo velado), de ‘Alí ibn ‘Uzmân Al-Huÿwuiri (m. 1074), verdadero compendio de las vidas y doctrinas de los sufíes.
El clímax del sufismo, su máxima evolución doctrinaria y sus exponentes más famosos aparecen alrededor del siglo VI de la hégira (1200/1300). De esta época son figuras como ‘Abdul Qâdir Al-Ÿilâni (o Al-Gaylani, m. 1166) (fundador de la cofradía qadiriyyah), Mawlâna Ÿalâluddín Rumi (m. 1273), fundador de los mevlevíes o derviches giróvagos; Abul Hasan Al-Shadili (m. 1258), fundador de la cofradía occidental shadiliyyah; y sobre todo, Muhiuddín Ibn ‘Arabi, el máximo expositor de las doctrinas metafísicas del sufismo y el más prolífico de sus autores con más de 250 obras reconocidas.
A partir de los siglos XII y XIII (a VI y VII siglos de la Hégira del Profeta), comienza el afianzamiento del sufismo en su forma actual, con la aparición de las cofradías y la influencia creciente que estas tienen en la vida social, religiosa e incluso política del mundo islámico hasta el momento actual.
La historia de estas cofradías es muy variada; en todos los siglos ha surgido alguna, y otras han desaparecido, luego incluso de ser muy importantes. Por lo demás cada una de estas órdenes tiene su “personalidad” propia, su impronta; sea en los métodos, sea en la gente que la integra, sea en la doctrina o la filiación espiritual. Por ejemplo los jenízaros, la élite del ejército otomano, pertenecían en su totalidad a la Tarîqah Bejtashiyyah, que por lo demás tiene una rama que propone el celibato, algo insólito en el ámbito musulmán. Los mevlevíes, son los famosos derviches giróvagos por el tipo de danza que realizan, y esta orden en el imperio otomano congregaba en general a intelectuales y artistas. Hay turuq ordenados y cuidadosos en la observancia de la tradición, y otros que se caracterizan por cierta lasitud en esto mismo, o incluso cierta heterodoxia. Algunas cofradías están diseminadas por el todo el mundo islámico, otras sólo están representadas en una región determinada.
Fuente: http://www.webislam.com/?idt=2661
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lunes, 18 de agosto de 2008
viernes, 15 de agosto de 2008
LAS PRACTICAS SUFISTAS
Se dice que el sufismo es el camino que pretende purificar el corazón, que es el órgano donde se concentra el espíritu, siguiendo el dicho profético que dice «en el ser humano hay un trozo de carne que si está sano, todo él está sano, y si está corrupto, todo él está corrupto, y ese órgano es el corazón». Es el camino del amor profundo a Dios.
Un maestro actual, Shaij Nazim al-Qubrusi, ha dicho «es otorgar a cada cosa su realidad», o como dicen otros, «vestirse con las más nobles características (makarim al-ajlaq)».
Para llevar a cabo esta finalidad, se prescriben en el sufismo para sus practicantes, que están agrupados en distintas hermandades o turuq una serie de prácticas que se resumen a continuación:
Las prácticas de los sufíes no se diferencian en muchos aspectos de la del resto de los musulmanes, puesto que en casi todos los turuq se hace hincapié en las prácticas comunes a todos los musulmanes como son a plegaria ritual, la limosna, el ayuno o la peregrinación entre los ritos obligatorios, aunque también se insiste en otro aspectos que son considerados como beneficiosos, como son la recitación del Corán, el recuerdo de Dios (dhikr), el consejo espiritual, la solidaridad, la compañía espiritual, la enseñanza de los principios de la religión... En este sentido la diferencia es en caso todos los casos una diferencia de grado, tanto cualitativo como cuantitativo. Aunque existen diferencias según la tariqa, lo que caracteriza a los sufíes son, por ejemplo, la insistencia en los actos de adoración obligatorios (fara'id) y la práctica y la insistencia en aquellos que son voluntarios (nawa'fil). Así se prodigan en las plegarias voluntarias, como son las oraciones nocturnas (qiyam al-layl), el recuerdo de Dios en todo estado, los ayunos voluntarios, la búsqueda de conocimiento... Pero junto a ello tiene también importancia que tales actos se hagan con una sinceridad absoluta (ijlas) y que se correspondan con un trabajo interior de atención (muraqaba), de entrega a Dios (tawakkul), de contentamiento (rida), de presencia (hudur), que conduzca a estados interiores de progresiva purificación del alma (nafs) y de conocimiento de la Realidad divina (haqiqa).
Dentro de estas prácticas hay unas que son de carácter individual, como pueden ser la recitación de una determinada letanía o modelo de recuerdo de Dios característico, denominado wird, que es la base de la mayoría de los turuq y uno de los elementos más importantes de las prácticas de los iniciados. Por otro lado existen prácticas comunitarias que incluyen a los miembros de una misma tariqa. Entre las prácticas que caracterizan a las órdenes sufíes están las sesiones de recuerdo (dhikr), las de audición espiritual (sama') y las de danza espiritual (hadra o imara).
Las sesiones de recuerdo o dhikr, también conocidas como maylis, son reuniones en las que la comunidad de iniciados recuerdan mutuamente a Dios de diferentes métodos que pueden variar, aunque básicamente incluyen la recitación del Corán, la invocación de diversos nombre divinos, una exposición o enseñanza sobre algún aspecto religioso o espiritual o incluso la lectura compartida de algún texto, como por ejemplo la historia de Mushkil Gusha.
Otro tipo de práctica es la audición espiritual (sama'), que en muchas ocasiones se incluye en la anterior. Consiste, en la mayoría de las ocasiones, en la recitación de poesía de temática espiritual o sagrada, que tiene como ánimo permitirle al alma un grado de apertura a los significados sutiles (lata'if). Estas prácticas suelen hacer uso de poesía sufí tanto en árabe como en otros idiomas como el persa o el turco, de autores como Hafiz, Sanai, Ibn al-Farid, Rumi, Shushtari, Abu Madyan, Mustafa al-'Alawi... y dependiendo de la tariqa incluye o no instrumentos de música o no, o simplemente percusión, aunque el elemento más importante no deja de ser nunca la voz humana.
La danza espiritual, conocido de como hadra o imara es un tipo de danza ritual. Aunque varía de modo según la tariqa, desde una recitación del Nombre con movimiento entre los qadiríes, la danza con respiración profunda y rítimica, las danzas rituales de áfrica o la conocida danza de los derviches giróvagos de la tariqa mevlevi.
Fuente: wikipedia
Un maestro actual, Shaij Nazim al-Qubrusi, ha dicho «es otorgar a cada cosa su realidad», o como dicen otros, «vestirse con las más nobles características (makarim al-ajlaq)».
Para llevar a cabo esta finalidad, se prescriben en el sufismo para sus practicantes, que están agrupados en distintas hermandades o turuq una serie de prácticas que se resumen a continuación:
Las prácticas de los sufíes no se diferencian en muchos aspectos de la del resto de los musulmanes, puesto que en casi todos los turuq se hace hincapié en las prácticas comunes a todos los musulmanes como son a plegaria ritual, la limosna, el ayuno o la peregrinación entre los ritos obligatorios, aunque también se insiste en otro aspectos que son considerados como beneficiosos, como son la recitación del Corán, el recuerdo de Dios (dhikr), el consejo espiritual, la solidaridad, la compañía espiritual, la enseñanza de los principios de la religión... En este sentido la diferencia es en caso todos los casos una diferencia de grado, tanto cualitativo como cuantitativo. Aunque existen diferencias según la tariqa, lo que caracteriza a los sufíes son, por ejemplo, la insistencia en los actos de adoración obligatorios (fara'id) y la práctica y la insistencia en aquellos que son voluntarios (nawa'fil). Así se prodigan en las plegarias voluntarias, como son las oraciones nocturnas (qiyam al-layl), el recuerdo de Dios en todo estado, los ayunos voluntarios, la búsqueda de conocimiento... Pero junto a ello tiene también importancia que tales actos se hagan con una sinceridad absoluta (ijlas) y que se correspondan con un trabajo interior de atención (muraqaba), de entrega a Dios (tawakkul), de contentamiento (rida), de presencia (hudur), que conduzca a estados interiores de progresiva purificación del alma (nafs) y de conocimiento de la Realidad divina (haqiqa).
Dentro de estas prácticas hay unas que son de carácter individual, como pueden ser la recitación de una determinada letanía o modelo de recuerdo de Dios característico, denominado wird, que es la base de la mayoría de los turuq y uno de los elementos más importantes de las prácticas de los iniciados. Por otro lado existen prácticas comunitarias que incluyen a los miembros de una misma tariqa. Entre las prácticas que caracterizan a las órdenes sufíes están las sesiones de recuerdo (dhikr), las de audición espiritual (sama') y las de danza espiritual (hadra o imara).
Las sesiones de recuerdo o dhikr, también conocidas como maylis, son reuniones en las que la comunidad de iniciados recuerdan mutuamente a Dios de diferentes métodos que pueden variar, aunque básicamente incluyen la recitación del Corán, la invocación de diversos nombre divinos, una exposición o enseñanza sobre algún aspecto religioso o espiritual o incluso la lectura compartida de algún texto, como por ejemplo la historia de Mushkil Gusha.
Otro tipo de práctica es la audición espiritual (sama'), que en muchas ocasiones se incluye en la anterior. Consiste, en la mayoría de las ocasiones, en la recitación de poesía de temática espiritual o sagrada, que tiene como ánimo permitirle al alma un grado de apertura a los significados sutiles (lata'if). Estas prácticas suelen hacer uso de poesía sufí tanto en árabe como en otros idiomas como el persa o el turco, de autores como Hafiz, Sanai, Ibn al-Farid, Rumi, Shushtari, Abu Madyan, Mustafa al-'Alawi... y dependiendo de la tariqa incluye o no instrumentos de música o no, o simplemente percusión, aunque el elemento más importante no deja de ser nunca la voz humana.
La danza espiritual, conocido de como hadra o imara es un tipo de danza ritual. Aunque varía de modo según la tariqa, desde una recitación del Nombre con movimiento entre los qadiríes, la danza con respiración profunda y rítimica, las danzas rituales de áfrica o la conocida danza de los derviches giróvagos de la tariqa mevlevi.
Fuente: wikipedia
sábado, 9 de agosto de 2008
LA MISTICA ISLAMICA
La corriente mística islámica más desarrollada es la sufí. La voz sufí deriva de la raíz sûf, (llama), aludiendo al hábito con que vestían los sufíes como muestra de humildad a imitación de los ascetas critianos. A los ascetas errantes árabes se los llamaba también faquires ("pobres", en árabe faqîr, pl. fuqarâ), y en persa derviches (darvîsh). Mirados con cierta prevención por la ortodoxia islámica, el respeto que demostró a sus enseñanzas Algazel, "el San Agustín árabe", hizo que a partir de Iraq en el siglo VIII, y de Bagdad y El Cairo en el siglo IX, se extendiese el sufismo por todo el mundo islámico, desde Irán hasta India, y desde el Magreb hasta Anatolia y Al Ándalus.
La ascética y mística sufí o sufismo era considerada por los musulmanes tradicionalmente heterodoxa a causa de las influencias de religiones no musulmanas que contenía (elementos cristianos, iranios, hindúes y helenísticos, algunos autores identifican el surgimiento del sufismo con la adaptación de los budistas a la religión islámica en las zonas en que esta realizó una labor de conquista y conversión masiva) . Frente a la concepción islámica primitiva de un Dios inaccesible, desde el siglo VIII surgieron corrientes místicas principalmente en Basora (Hassan al-Basrî, muerto el 728), en Medina y en la Meca, que preconizaban el amor y la bondad de Alá, así como la posibilidad de la unión mística. La organización de los sufíes en cofradías u órdenes análogas a las de los monjes mendicantes cristianos alcanzó su esplendor en el siglo XII. El sufismo alcanzó su cenit en la forma atemperada de Al-Ghazali (Algacel), a pesar de la oposición irreductible de los grupos hambalita, chiíta e ibadita. El sufí recorre, a través de etapas sucesivas, los tres estadios de la ascensión mística: aspiración, progreso y fin. Es indispensable la guía de un maestro, chamán, santón o "director espiritual" (muršid). La unión mística, descrita de diversas formas, va desde las imágenes eróticas hasta el monaquismo y ha inspirado una buena parte de la lírica y la narrativa árabe y persa.
Los sufíes vindicaban una religiosidad menos externa y más interior, siguiendo el ejemplo del Profeta, y postularon la necesidad de la ascesis para alcanzar de forma paulatina la "Verdad Espiritual" interior (haqîqa). En este camino de ascenso era ineludible la gnosis de los textos sagrados. Siguiendo la "vía" (tarîqa) de un maestro (xeic, jeque), se podía llegar a un estado místico (hâl) en el cual se producía "el anonadamiento de sí mismo en Dios" (fanâ). En el sufismo se puede acceder al estado místico mediante tres vías o caminos (tarîqât):
* La del temor (makhâfa) o de la "purificación"
* La del amor (mahabba) o del "sacrificio"
* La del "conocimiento" (ma´arifa).
Fuente wikipedia
La ascética y mística sufí o sufismo era considerada por los musulmanes tradicionalmente heterodoxa a causa de las influencias de religiones no musulmanas que contenía (elementos cristianos, iranios, hindúes y helenísticos, algunos autores identifican el surgimiento del sufismo con la adaptación de los budistas a la religión islámica en las zonas en que esta realizó una labor de conquista y conversión masiva) . Frente a la concepción islámica primitiva de un Dios inaccesible, desde el siglo VIII surgieron corrientes místicas principalmente en Basora (Hassan al-Basrî, muerto el 728), en Medina y en la Meca, que preconizaban el amor y la bondad de Alá, así como la posibilidad de la unión mística. La organización de los sufíes en cofradías u órdenes análogas a las de los monjes mendicantes cristianos alcanzó su esplendor en el siglo XII. El sufismo alcanzó su cenit en la forma atemperada de Al-Ghazali (Algacel), a pesar de la oposición irreductible de los grupos hambalita, chiíta e ibadita. El sufí recorre, a través de etapas sucesivas, los tres estadios de la ascensión mística: aspiración, progreso y fin. Es indispensable la guía de un maestro, chamán, santón o "director espiritual" (muršid). La unión mística, descrita de diversas formas, va desde las imágenes eróticas hasta el monaquismo y ha inspirado una buena parte de la lírica y la narrativa árabe y persa.
Los sufíes vindicaban una religiosidad menos externa y más interior, siguiendo el ejemplo del Profeta, y postularon la necesidad de la ascesis para alcanzar de forma paulatina la "Verdad Espiritual" interior (haqîqa). En este camino de ascenso era ineludible la gnosis de los textos sagrados. Siguiendo la "vía" (tarîqa) de un maestro (xeic, jeque), se podía llegar a un estado místico (hâl) en el cual se producía "el anonadamiento de sí mismo en Dios" (fanâ). En el sufismo se puede acceder al estado místico mediante tres vías o caminos (tarîqât):
* La del temor (makhâfa) o de la "purificación"
* La del amor (mahabba) o del "sacrificio"
* La del "conocimiento" (ma´arifa).
Fuente wikipedia
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